El otro día una amiga en un momento de desahogo me confesaba lo harta que estaba de todo y que, ahora mismo, de lo único que tenía ganas era coger la maleta y largarse, si podía ser lejos, mejor.

Y es que cuando estás hasta el gorro te vienen unas ganas irrefrenables de dejarlo todo y marcharte. De repente ‘huir’ se convierte en tu mejor opción.

La rutina de cada día, los problemas, las preocupaciones o ese pasado que te persigue, te van consumiendo y te pueden llegar a saturar. No ves otra salida que romper con todo y largarte, a ver si así haces un reset.

También es cierto que a veces lo decimos después de una discusión o de un día duro, pero en realidad la intención no es largarse sino estar en paz con uno mismo, sin más.

Una de las claves está en aprender a relativizar, quitar importancia a las cosas. Seguro que hay muchas que no tienen la importancia que le estás dando.

A lo que íbamos…

Todos necesitamos un parón de vez en cuando, ¡TODOS!

Hay quien dirá… ‘ui, yo no tengo tiempo para parar’, o ‘no tengo tiempo ni para ir al baño’, o ‘vacaciones, ¿qué es eso?’…

Si eres de estos, déjame decirte algo: ¡TÚ NECESITAS UN DESCANSO YA!

Robin Sharma en su libro ‘El monje que vendió su Ferrari’, pone un ejemplo muy gráfico. Dice algo así: Decir que no tienes tiempo para parar es como si el que va conduciendo dice que no tiene tiempo para parar a repostar; o paras a poner gasolina o no llegarás mucho más lejos.

Pues contigo y tu vida pasa exactamente lo mismo. Necesitas un parón para romper con el ritmo que llevas, para pensar, para coger fuerzas, energía, motivación, ilusión, perspectiva y foco.

Puede con un ‘parón’ de un fin de semana, de un solo día o incluso un ‘parón’ dentro de tu ajetreado día sea suficiente. Pero también puedes estar pensando en unas vacaciones, un año sabático, una acción humanitaria o un retiro espiritual.

Todas y cada una de ellas pueden ser experiencias súper enriquecedoras en muchos aspectos. Cambiar tu escenario habitual te puede ayudar a tomar cierta perspectiva de las cosas y empezar a ver oportunidades y soluciones donde hasta ahora solo veías problemas. O puede que logres tener momentos de tranquilidad que te permitan pensar por ti mismo sin que el entorno te condicione.

No me voy a posicionar ni a favor ni en contra de ‘huir’; todo tiene sus pros y sus contras, y aquí cada uno se conoce lo suyo. Quien más quien menos tiene sus ‘mochilas’ (familia, trabajo…) que debe tener en cuenta y valorarlo todo.

Cuando te planteas hacer un parón de estas características es porque ya has llegado a un punto de agobio importante y afrontar tu realidad se te hace cuesta arriba.

  • Necesitas apartarte de tu rutina donde todo son prisas y ruido.
  • Ya no sabes diferenciar lo que es urgente de lo que es importante.
  • No tienes tiempo ni para pensar qué quieres hacer con tu vida.
  • Tienes un caos mental y necesitas poner orden.
  • Buscas silencio pero no lo encuentras.
  • Necesitas estar en paz contigo mismo.
  • Te machaca esta montaña rusa emocional.
  • El entorno te condiciona.

Es cierto que el tiempo y la distancia siempre han sido grandes aliados para combatir todo esto pero hay algún ingrediente más que deberás añadir, de lo contrario todo seguirá igual cuando regreses. And you don’t want that!

Si esperas que todo cambie y que los problemas se esfumen por si solos mientras tú no estás, entonces el batacazo a la vuelta puede ser tremendo.

‘Huir’ no soluciona, pospone.

Aprovecha el tiempo que estés fuera y haz un propósito de cambio.

#1 Afronta los errores, conflictos y problemas para que no vuelvan. Como te decía, si te vas con tus problemas volverás con ellos. No huyas de ellos, no se soluciona nada. Afrontalos.
#2 Busca dentro de ti lo que vienes buscando fuera. Este es uno de nuestros grandes problemas; siempre buscamos la solución fuera de nosotros. Lo cargamos todo a personas, circunstancias o cosas pero no en nosotros mismos, como si nuestra felicidad dependiera de algo o alguien externo a nosotros.
#3 Valora y agradece lo que ya tienes. Como estamos tan pendientes de lo que no tenemos nos olvidamos de lo que sí tenemos. Aprender a valorar y agradecer lo que ya tenemos, por pequeño que parezca, nos hace grandes.
#4 Aprovecha para cuestionártelo todo. Toma un poquito de perspectiva de las cosas, de lo que piensas y de lo que crees y empieza a cuestionarte si podrías hacerlo diferente, si podrías mejorar en algo… Te ayudará a ampliar tus miras.
#5 Trabaja la aceptación. Recuerda que las cosas ‘son’, no las juzgues. Aceptar no quiere decir que estés de acuerdo. Aprender a aceptar sin estar juzgando continuamente es todo un trabajo pero solo que te des cuenta que lo estás haciendo ya querrá decir que estás tomando conciencia.

#6 Vive y acepta el momento presente, el ahora. ¿Cuántas veces te encuentras pensando en el pasado o en el futuro? Muchas, seguro. Deja el pasado y el futuro en su sitio y céntrate en ahora, que es lo que sí tienes.

Vale, intuyo que te has leído estos 6 puntos a modo lista y sin pensar mucho ¿a que sí? 😉

Revísalos de nuevo y párate en cada uno ellos. Tómate un tiempo para pensar y analizar tu situación.

Te ayudará mucho tener una libreta o diario donde puedes ir escribiendo todo lo que te viene a la cabeza para luego ir analizando y optimizando donde más lo necesites.

Recuerda, “lo que resistes, persiste”.

Deseo que te ayude 🙂

Un abrazo
xxx

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