No paro de ver insatisfacción por todas partes. Nos quejamos de todo y por todo; de lo que tenemos, de lo que no tenemos, de lo que fué, de lo que pudo haber sido y no fué, de lo que me han hecho, de lo que no han hecho o de que en un futuro será mejor si.

Niños, adolescentes, mayores…aquí no se salva nadie.
Es como una epidemia. Insatisfacción continua que fácilmente se puede transformar en crónica.

Quejas, comparaciones, exigencias, envidias.

Y digo yo, ¿por qué nos cuesta tanto disfrutar del momento? Disfrutar de lo que tenemos ahora y no perdernos en la ilusión de un futuro o de un pasado, de un futuro que hasta que no sea, no ES y un pasado que fué pero ya no ES.

Enfocarte en lo que no tienes produce toda una serie de emociones que no hacen más que producirte dolor, tristeza, decepción, frustración y apego.

Si no pones suficiente atención y conciencia en el ahora, es fácil que tu mente se vaya a buscar lo que cree que le falta para estar bien y lo busque en un pasado o en un futuro.

Si es esto lo que estás haciendo, estás dejando tu bienestar y tu felicidad a expensas de que algo ocurra y puede que ni siquiera esté en tus manos que eso ocurra.

La felicidad está dentro de ti, ya la tienes.

Seguir buscando fuera de ti es una pérdida de tiempo. Si esperas que las circunstancias cambien o que alguna persona cambie, estás perdiendo el tiempo y además te estás haciendo daño.

Pierdes el control de tu bienestar emocional en el momento que das ese poder a alguien o algo fuera de ti y estás dejando que esas emociones negativas te invadan.

Cuando te sientes bien contigo y eres consciente que la satisfacción, la felicidad y el bienestar dependen de ti, te sientes más libre. De hecho, no sólo te sientes libre sino que lo eres. Esto es un regalo para ti y para los que están a tu alrededor. Si tú estás bien, irradias y los demás lo notan y lo sienten.

Busca dentro de ti.

Un día vi una viñeta con una ilustración que de una manera muy simple define muy bien lo mucho que nos cuesta vivir el momento. Un señor paseando un perro por un camino con árboles. De cada uno sale un globo o bocadillo con sus pensamientos. El perro sólo piensa en el camino con árboles, mientras que el señor tiene un sinfín de pensamientos desordenados e inconexos de personas, coche, trabajo, ropa, tiempo, correo…pero no está pensando en el camino con árboles.

Con todo esto no quiero decir que uno no deba tener objetivos ni recuerdos. Por supuesto que debes tener objetivos y recuerdos, pero no dejes que tu estado dependa de ellos.

Un cierto nivel de insatisfacción incluso es bueno, te puede ayudar a superarte y crecer personalmente. Pero ya ves que ahora no estoy hablando de esto, si  de los que sufren una insatisfacción crónica que no les deja disfrutar del ahora, sino de los que están en un bucle y no logran salir de él, de los que se empeñan en machacarse cada día con lo que no ES, de lo que no ha sido y de lo que puede que no sea.

¿Sabes qué pasa? Que cuando entras en esta rueda de insatisfacción, acabas creyendo que las cosas son así y que tú eres así. Tu mente acaba siendo tu cuerpo y tu cuerpo tu mente.

Llegado este punto, el trabajo que deberás hacer te resultará duro, pero ten en cuenta una cosa: todo depende de ti, de lo dispuesto que estés al cambio y de la actitud que tomes al respecto. Y tú puedes hacerlo.

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