Hacer las paces con el pasado es una de las cosas más difíciles de hacer. Todos tenemos un pasado y unos recuerdos que parece que insistan en no separarse de nosotros, nos persiguen y nos hace presos de un estado de ánimo del que muchas veces cuesta deshacerse.

Tristeza, rabia, odio, enfado, pueden pasar de ser tu estado de ánimo a transformarse en tu estado del ser. Y tú, sin ser consciente que eso podía pasar, has dejado que ese estado de ánimo se quede en ti día tras día, semana tras semana y se ha hecho fuerte. Ahora parece que ese estado de ánimo forme parte de ti porque ahora te sientes así.

Te despiertas por la mañana y allí están de nuevo, esos pensamientos que puntualmente te visitan para que no te olvides de lo mal que estás. Notas que tu cuerpo no te ayuda, más bien retroalimenta esos pensamientos. Te sientes como tu mente y tu mente como tu cuerpo. Un bucle jodido, lo sé.

Lo que pasó, pasó. Sea lo que sea. Sea lo que sea. Lo importante es que ese pasado NO influya en cómo vives tu vida ahora. Aceptar que pasó. No digo que aceptes lo que te pasó ni que estés de acuerdo con ello. Pero ya pasó. El pasado no lo puedes cambiar pero puedes aprender de él para seguir adelante y crecer como ser.

Que tu pasado no influya en cómo vives tu vida ahora.

Tienes que soltar ese lastre que llevas cargando contigo, soltarlo, liberarlo.

Si te quedas encallado en lo que podía haber sido, en lo que tenías que haber hecho o lo que podías haber dicho, no cambia nada de tu ‘ahora’.

Tomar conciencia de lo que te está pasando puede parecer difícil pero en realidad no lo es tanto. El tema está, y déjame que sea clara, si quieres o no quieres sentirte diferente. ¿Quieres sentirte bien? O mejor aún, yo te diría que lo que deseamos con todas nuestras fuerzas y además lo necesitamos es… ¡ser LIBRES de nuestros pensamientos!

¡Deja ya de creerte todo lo que piensas!

Nuestros pensamientos nos hacen presos y sólo son eso, pensamientos. ¿Quién te ha dicho que te los tengas que creer todos?

Seguro que no voy muy equivocada si digo que no paras de cuestionar, o incluso criticar, lo que piensan los demás, ¿verdad? ¿Y si empiezas a cuestionar lo que piensas tú de ti?

Fíjate en esa vocecita interior que no para de machacarte, esa vocecita que sabe cómo meter el dedo en la llaga, esa vocecita que no entiende de piropos, que no sabe decir cosas bonitas, y HAZLE CALLAR.

Esa voz no eres tú. Tú eres quien toma conciencia de esa voz.

Cuando te separes de esa voz y dejes de identificarte con ella, empezarás a tomar perspectiva. Pero eso sólo pasará cuando dejes de pensar que esa voz eres tú.

Si cojes la posición de víctima, que seguro será la primera que aparezca en escena; es que mira lo que me ha pasado, lo que me han hecho, lo que me han dicho… estarás dejando el poder de tu bienestar fuera de tu alcance, y eso es lo último que quieres.

El poder de tu bienestar lo tienes tú. Tú decides cómo afrontar cada situación que se te presente. Básicamente hay dos maneras de afrontar cada situación: desde el miedo o desde el amor. No hay más.

Y como digo siempre, perdona y perdónate. Te dejo una frase de Gerald Jampolsky que m’encanta:

‘Perdonar es dejar de esperar que el pasado sea diferente’.

Léela otra vez. 😉

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