Seguro que has oído alguna vez esa frase de Einstein que dice: ‘Locura es hacer lo mismo una vez tras otra y esperar resultados diferentes’.

Cuando un comportamiento o una rutina la hacemos de manera regular, una y otra vez, generalmente se convierte en automática. Y esta es precisamente la definición de hábito.

Si queremos que pasen cosas diferentes, si queremos resultados diferentes, tenemos que hacer cambios.

Cambios, claro.

Estarás pensando…pues vaya descubrimiento Noemí…ja ja ja

Limitarnos a decir ‘cambios’ no nos aporta mucho. Necesitamos cambios en nuestra manera de hacer, en nuestra manera de actuar y en la manera de comportarnos. Pero, profundicemos un poco más.

Según lo que hacemos, cómo nos comportamos y cómo actuamos, iremos definiendo nuestros hábitos. Pero esta afirmación también es válida al revés; nuestros hábitos acaban definiendo lo que hacemos, cómo actuamos y cómo nos comportamos.

Pero fíjate que cuando se trata el tema del ‘cambio’ se habla mucho de objetivos y de foco, foco y más foco. No se a ti, pero a mi el hecho de marcar objetivos no es lo que más me ayuda.

A veces el objetivo en sí te motiva tanto que sacas las ganas y las fuerzas de donde sea para tirar adelante y conseguirlo. A veces estas ganas y fuerzas se van esfumando por el camino, y otras veces ni llegan.

¿Por qué?
¿Nos ponemos objetivos que ni nosotros mismos nos creemos?
¿Pensamos que son demasiado ambiciosos?
¿Nos da pereza cuando aún no hemos ni empezado?
¿Pensamos que es muy difícil y nos va a costar mucho esfuerzo?

Generalmente ya sabemos lo que deberíamos estar haciendo y en cambio no lo hacemos… ¿Qué pasa con nosotros?

Creo que el cambio real y duradero, aquel que te lleva a conseguir lo que sea que te propongas, no pasa por fijarte solamente en el objetivo, sinó que debes ir a la raíz para crear una buena base.

Los 3 grandes errores que cometemos y nos llevan al bloqueo:
  1. Pensar que para hacer grandes cambios tienes que hacer grandes cosas.
  2. Fijarte en el objetivo en sí sin tener en cuenta que hay un proceso.
  3. No tener en cuenta tu estado actual.

¿Cómo vas a avanzar si tú mismo no te estás ayudando?

Los estímulos externos e internos influyen, y mucho
; pensamientos, sentimientos, creencias, emociones, tu estado, tu entorno, tus relaciones… todo influye y lo debemos tener en cuenta.

Los cambios no suelen llegar de la noche a la mañana (bueno, algunos sí, como mi sordera súbita…pero ya hablaremos de esto en otro momento). Los cambios necesitan un proceso. Son un proceso.

Un pequeño cambio en la dirección nos puede llevar a un destino diferente. James Clear

Creo que lo importante es revisar esas rutinas que se han convertido en automáticas, fijarnos en esas pequeñas decisiones que tomamos a lo largo del día para que se conviertan en decisiones conscientes. Crear hábitos que nos permitan construir esa base sobre la que poder después crecer.

Los cambios radicales no tienen porqué ser ni los buenos ni los duraderos. Los pequeños cambios son mucho más asequibles para todos y a pesar de parecer insignificantes, pueden llegar a tener un mayor impacto.

La acumulación de esos ‘cambios insignificantes’ son los que marcan la diferencia. La constancia y la repetición hará que se conviertan en hábitos.

Las decisiones que tomamos durante el día son muchísimas y no prestamos mucha atención.

Tomar ‘buenas o malas’ decisiones puede marcar la diferencia entre quién eres y quién podrías ser.

 

Un pequeño cambio diario te puede llevar a un cambio significativo de vida.

¡Hasta el próximo!

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