Bueeeno, ¡por fin ha empezado el curso escolar, volvemos a la normalidad!

Estas últimas semanas te vas cruzando con personas con las que no te has visto durante el verano, padres, madres, compañeros o amigos…y de manera muy espontánea soltamos un ‘por fin, ya de vuelta’ o un ‘ya era hora, todo vuelve a la normalidad’ y otras variaciones.

Y digo yo, realmente tanta normalidad y tanto desear que todo vuelva a ser lo mismo, ¿es lo que queremos? ¿es lo que necesitamos?

A menudo que todo vuelva a la normalidad lo asociamos a que todo sigue igual, que de alguna manera relacionamos con salud y trabajo, pero no me refiero a esto. Me refiero a que sin querer estás volviendo a la misma rutina de siempre, más o menos estresante, más o menos aburrida, pero rutina, mismos hábitos, mismas costumbres, mismos resultados.

Permíteme que te diga que, en general, somo unos aburridos. Siempre pienso que si alguien nos puede ver desde arriba con cierta perspectiva debe pensar: “mira estos, cada día hacen lo mismo”; misma rutina por la mañana, corre corre niños al cole, van a trabajar – a un trabajo que, por cierto, a muchos no les llena – mismos compañeros, mismas caras, mismos problemas, mismo tráfico estresante… y ya no te cuento por las tardes, si además tienes críos, pones el taxímetro en marcha y ale, niños que si a fútbol, que si a baloncesto, que si a inglés, que si a música… corre a preparar cenas y a organizar un poco el día siguiente. Y me dejo cosas eh, que si la compra, que si qué hago para cenar, que si deberes… en fin.

Total, que acabas el día reventado, que sólo te quedan ganas de dejarte caer en el sofá porque ya no tienes energía ni para hablar con los tuyos. ¿Qué vas a comentar? ¿Cómo te ha ido el día? Pues nada, ¡es un copy paste de ayer!

Para los inconformistas esto nos va fatal. Entras en una rueda que va a una velocidad que no sabes muy bien cuando es el mejor momento para saltar de ella.

¿Por qué teniendo un mar de posibilidades a nuestro alrededor, seguimos recreando las mismas una y otra vez?

Estamos tan condicionados al ritmo que lleva la vida que no nos paramos a pensar en otras posibilidades y aceptamos que no tenemos ningún control sobre ella. Es lo que hay, es lo que toca. ¿Verdad?

Has condicionado tu mente a esta rutina.

¿Y si te dijera que estás creando tu realidad?

Cuando hablamos de querer cambiar, de querer mejorar en algún aspecto, de sentirte mejor, de empezar un proyecto o hacerlo crecer, no puedes seguir con la misma rutina de siempre haciendo las mismas cosas de la misma manera, porque dentro de un año seguirás igual o habrás avanzado muy poco o nada hacia ese cambio que buscas, sea cual sea.

Los cambios cuestan. Es mucho más fácil quedarte como estás, no requiere esfuerzo por tu parte, sólo seguir la inercia. Tu mente y tu cuerpo están acostumbrados a esos hábitos y a esa rutina. Tu manera de pensar y de hacer van de la mano y te llegas a acostumbrar, te sientes cómodo.

Tu mente activa las mismas redes neuronales una y otra vez.

El cerebro está formado por células nerviosas, las neuronas. Estas tienen ramificaciones que salen de ellas y se conectan a otras, formando así una red neuronal. Tus pensamientos, ideas y recuerdos están construidos e interconectados en esa red neuronal y se relacionan entre sí. Según tus experiencias vividas creas modelos de cómo ves el mundo exterior.

Como estás haciendo las mismas cosas y te sigues contando la misma historia de manera repetitiva, estás activando las mismas redes neuronales una y otra vez.

El problema está en que te acabas identificando con esa manera de hacer y pensar y crees que esa es tu identidad.

Tu mente se abrirá cuando dejes de ponerle límites, cuando dejes de hacer las cosas de la misma manera, cuando te lleves la contraria y te incomodes un poco.

Si no te abres a nuevas posibilidades, a cambiar hábitos, a pensar diferente, es poco probable que ocurra nada de los que deseas.

Si la monotonía no te deja avanzar, empieza ya a crear tu día. Haz pequeños cambios en tu día a día para romper con esa rutina. No hace falta que sean grandes cambios, o sí, sólo tú lo sabes.

Puedes empezar cogiendo otro camino para ir o volver del trabajo, desayuna en otra cafetería, levántate antes y sal a caminar, cambia el televisor o el móvil por un libro, reserva espacios para ti, muévete, camina, baila…pero empieza, atrévete a hacer las cosas diferentes.

Sólo así empezarás a cambiar tu mente, te abrirás a nuevas posibilidades y tendrás otra perspectiva.

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